El puente Real es un bálsamo de locura.
Cruzar el río de sangre en mil pedazos,
comernos a retales los sargazos
pensando en las barreras de la vida.
Caminar hacia el olvido y del olvido
hasta la sombra de la máscara que espalda,
y entremedias vomitar misantropía,
y maquinar 20.000 barbaridades.
¿A Madrid?, a Madrid volveré el día
en que tenga 2.000 kilos de amonal,
y volaré el metro en la hora punta,
rellenos los vagones del hombre del traje /gris,
y seré insultado en las portadas
por salvarlos de su miseria de vivir:
levántate a las seis para ir al tajo
para llegar a las nueve a la oficina,
coge el cercanías, el metro, el bus, camina,
pisa el regalo que dejo aquel perro,
aguanta otra bronca de tu jefe,
un café frío, descafeinado,
trabaja, trabaja, a perro flaco...
bumm, ¡qué bien!, ya se acabó este día.
(escrito antes del 11-M, antes del 11-S, antes de todas las guerras...)


1 comentarios:
Chupatintas de Madrid.
¿Quién eres?
¿No eres acaso un trozo del hombre del traje gris?
Nunca me cantaron esa canción, pero su tristeza era a ratos contagiosa.
A veces me pregunto a que sabe la tinta que se chupan en Madrid los buscadores de tesoros que nunca salen de sus oficinas.
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