martes 25 de noviembre de 2008

Año 2.000

El puente Real es un bálsamo de locura.

Cruzar el río de sangre en mil pedazos,

comernos a retales los sargazos

pensando en las barreras de la vida.

Caminar hacia el olvido y del olvido

hasta la sombra de la máscara que espalda,

y entremedias vomitar misantropía,

y maquinar 20.000 barbaridades.

¿A Madrid?, a Madrid volveré el día

en que tenga 2.000 kilos de amonal,

y volaré el metro en la hora punta,

rellenos los vagones del hombre del traje /gris,

y seré insultado en las portadas

por salvarlos de su miseria de vivir:

levántate a las seis para ir al tajo

para llegar a las nueve a la oficina,

coge el cercanías, el metro, el bus, camina,

pisa el regalo que dejo aquel perro,

aguanta otra bronca de tu jefe,

un café frío, descafeinado,

trabaja, trabaja, a perro flaco...

bumm, ¡qué bien!, ya se acabó este día.



(escrito antes del 11-M, antes del 11-S, antes de todas las guerras...)

1 comentarios:

el politólogo dijo...

Chupatintas de Madrid.

¿Quién eres?

¿No eres acaso un trozo del hombre del traje gris?

Nunca me cantaron esa canción, pero su tristeza era a ratos contagiosa.

A veces me pregunto a que sabe la tinta que se chupan en Madrid los buscadores de tesoros que nunca salen de sus oficinas.